Julio Pauptiz

Julio Pauptiz

Cultivando los campos y salvando el monte

   Julio Paupitz – Ingeniero Forestal

La llegada de la pandemia de la Covid19 definitivamente viene reforzar muchas de nuestras certezas. La primera de ellas es acerca de nuestra vulnerabilidad ante ciertos caprichos naturales. La resistencia y resiliencia del virus ayudanos entender la absoluta importancia de las relaciones humanas y el cuidado, que debemos tener por los seres vivientes y el medio natural. Prontamente, viene la imagen de la cuenca hidrográfica, como el paño de fondo formidable de la telaraña de todas las formas imaginables de conexiones posibles sobre la tierra.

Todo ocurre en su espacio, y el agua de caudales glaciares, por milenios garante la vida en toda expresión imaginable. De ella depende la biodiversidad, los animales en los pastos, las personas y los cultivos en lo llanos, el agua es fuente de energía industrial, limpia y abundante. Con equilibrio de las relaciones humanas y la correspondiente utilización sustentable de los recursos seria posible lograr condiciones de vida plena y placentera para la inmensa mayoría de los seres vivientes del planeta. Y esta provisión permanente de este bien natural está en nuestras manos.

Las regiones más vulnerables del planeta pasan por cambios climáticos, sociales y económicos, avasalladores y acelerados. Y sobre ellas pesan formas descontroladas de uso de la tierra, que se sobreponen a princípios de solidariedad y justicia desarrollados por los pueblos. La transformación del agua en mercancía no es únicamente un dato ante la extensión del desastre del agua en nivel planetário. Es más, un proceso que evidencia el aumento de escasez, y de sus consecuencias aterradoras. Escasez de agua es alza de precios de los alimentos básicos, haciendo la vida más difícil para los pobres y punto de entrada de conflictos sociales. La falta de agua y su baja calidad para el consumo empeoran las condiciones de vida de las poblaciones, favoreciendo la difusión de enfermedades. Aguas poluídas infiltran la napa freática potencializando problemas todavía desapercebidos.

¿Que medidas podrán ser realmente efectivas para la protección de un bien de tamaña importancia para la vida en el planeta? Si nos hemos considerados señores del agua, hoy mejor, tomarla como señora de nuestros destinos, adoptando los servicios ecosistémicos en el paisaje y en el quehacer humano como parte de la respuesta. La propuesta nos hace observar la naturaleza y su obra maestra. Ella, a través de los siglos nos enseña, que no hay atajos para el diseño correcto de los ríos, tampoco para la sedimentación adecuada de los cauces, que favorece a los ciclos de vida acuática, la deposición de rica matéria orgánica esencial para los cultivos en los llanos, la distribución natural de la vegetación junto a embalses sujetando pendientes y evitando derrumbres y abrigando la fauna. El uso inteligente de la tierra debe tener en cuenta los servicios ecosistémicos y conjugarlos en busca de oportunidades para produndizar y difundir los propósitos de convivencia con los paisajes de las partes altas de las cuencas. La observación del funcionamiento de estos servicios en la modelación de los paisajes es tarea de todos nosotros. Buenos ejemplos abundan y fueron profusamente utilizados en la ingeniería de los pueblos andinos en su larga historia. Los magníficos trabajos hidráulicos por milenios regularon la energía de los flujos de agua en beneficio de su distribución para los cultivos estuvieron, que han estado encajados en la lógica de satisfacción de necesidades básicas de los pueblos originarios. La experiencia indica que el mapa más seguro para la planificación de uso de los recursos naturales, incluyendo el agua, se asienta prioritariamente sobre: i) Princípios de gobernanza sabios y equitativo, que garantan compensación a quienes conserve el medio natural en que se produce el agua; ii) El cultivo de la tierra, la producción de alimentos y la utilización con parcimonia de los recursos naturales, repetando los animales y limites impuestos por la naturaleza como labores mayores de los habitantes del planeta y principalmente de los campesinos y moradores, y pueblos de bosque, guardianes del agua y de la biodiversidade;

iii) La diseminación de enfoques abrangentes e integrados que busquen la convergencia de saberes locales y tradicionales de los pueblos con los conocimientos de la academia; iv) La diversificación de la producción de la agricultura entendiendo su inserción en los mosaicos de los paisajes productivos con el objeto de garantizar la seguridad hídrica, la producción de alimentos y de energía para la población; v) Las prácticas de manejo y de recuperación de los suelos para mayor infiltración del agua y su revegetación natural a través del resgate de técnicas de barbecho adaptadas para evitar da degradación de tierras y la desertificación.

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